28 mar. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA V

En los siglos XIII, XIV y XV las ciudades crecen, acentuándose la distinción entre lo urbano y lo rural. Se abren nuevas rutas gracias a las Cruzadas, y unido a la mayor tranquilidad interior, se produce una importante reacción de todo el comercio europeo. Ferias y mercados mueven productos, liberan excedentes y ponen en cuestión la validez del sistema económico feudal. El señor feudal se plantea la disyuntiva de entorpecer o asimilar el cambio procurando beneficiarse. Algunas ciudades comienzan a adquirir estatuto jurídico propio (fueros), escapando a su jurisdicción. Del siglo XIII al XV, las urbes lucharán por su autonomía y en esta lucha surgirá el Arte Gótico.

El comercio y la industria conforman las ciudades medievales. En un primer momento se concentraron en lugares de fácil comunicación y seguridad para su dinero y bienes, de ahí que se dirigieran a ciudades o burgos con estas características. Situación geográfica unida a la presencia de ciudad o burgo fortificado conforman la condición esencial para un establecimiento comercial, de una manera muy parecida a como lo está el curso de los ríos por el relieve de las montañas. La burguesía, una nueva clase social que va a ir desplazando a los señores feudales y marcando las bases de la actual sociedad capitalista, se abastece de artesanos, y estos de campesinos, creando una división del trabajo muy diferenciada entre las ciudades (industria y comercio) y el campo (agricultura). Hacía falta una reforma, pues existían muchos conflictos a la hora de ocupar un territorio o de realizar vida en sociedad. La burguesía adquiría fuerza y la nobleza retrocedía retirándose al campo. Los monjes emprenderían su camino a la ciudad, con principio de pobreza, pidiendo limosna y participando en las agitaciones y miserias de artesanos, convirtiéndose en sus directores espirituales.

La Baja Edad Media va a sustituir a la Alta, y la Burguesía al Feudalismo. El hombre se olvida un poco del compromiso divino y atiende con mirada despierta a la naturaleza que le rodea, olvidada desde la ruina del mundo clásico. Cualquier categoría de ser comienza a tener significado. El hombre gótico, animado por la corriente naturalista, se fija en todas las critaturas naturales, siendo fiel a la experiencia sensible. El románico había sido un estilo geométrico muy puro, su arco característico había sido el de medio punto, una semicircunferencia. El gótico abandona esa pureza formal y busca un arco que sugiera imágenes naturales como el arco de ojiva. Nosotros nos detenemos en ese accidente que ha transformado la forma geométrica pura en una mas relacionada con las formas de la naturaleza, pero esa irregularidad ha de tener lugar en un contexto específico y debe ser abstraída del lenguaje interno del lugar. 

El Altomedieval era un hombre seguro de sus convicciones. El Bajomedieval vive todavía en un mundo teológico presidido por la imagen de Dios Todopoderoso, pero encuentra baches y fisuras que el Románico desconocía. Siempre se ha dicho que el Renacimiento fue el descubrimiento del hombre, sin embargo, los artistas bajomedievales ya habían depositado su atención en lo humano y en las acciones individuales. 

La catedral es el centro de la gran ciudad y el templo de las masas burguesas. Va a dotar a la ciudad de identidad y por su gran escala, se va a convertir en la primera imagen de todo visitante. Aunque la planta general responda a geometrías muy estrictas, en algunos fragmentos de su interior podemos encontrar un lenguaje formal de nervios que dibujan el recorrido de las cargas de la construcción hasta el terreno recordando estructuras orgánicas de la naturaleza. 

El escultor gótico, animado por la corriente naturalista, considera que todas las criaturas naturales son objeto de atención, mientras que el románico esculpe ideas y conceptos universales despreocupándose de la belleza formal según los cánones clásicos. La dependencia de la escultura gótica frente al soporte arquitectónico continúa siendo muy importante, como en el periodo románico, aunque se producen algunos cambios: la expresividad cambia, haciéndose menos hierática y más expresiva, reflejando sentimientos (dolor, ternura, simpatía), acentuando la tendencia del último románico, y en coincidencia con una nueva mentalidad, más urbana y próxima a los conceptos filosóficos de hombre y naturaleza. En el grupo escultórico de La Anunciación y la Visitación de la Catedral de Reims, Francia (1230-1260), formado por 4 figuras prácticamente exentas, encontramos un ángel que lleva riéndose cerca de 700 años; su sonrisa natural nos dice que el hombre ha perdido el miedo. La expresión particulariza las formas genéricas dotándolas de significados que van a generar un lenguaje propio de la naturaleza. Este movimiento realizará un proceso de depuración para abstraer únicamente las formas que singularizan esta situación. En el gótico podemos atisbar el primer paso del proceso que va a permitir a la escultura liberarse de su dependencia de la arquitectura, alcanzando por sí misma (como en la Antigüedad) la categoría de gran arte. 

En Pintura el naturalismo es cada vez mayor, frente a las simplificadas e idealizadas representaciones del románico. Se considera que esta característica surge por vez primera en la obra de los artistas italianos de finales del siglo XIII, marcando el estilo dominante en la pintura europea hasta el final del siglo XV. La pintura gótica se aproxima a la imitación a la naturaleza que será el ideal del renacimiento, incluyendo la representación de paisajes, no obstante, sigue siendo poco usual. Se desprende de los convencionalismos y amaneramientos bizantinos y románicos, pero no toma como ideal de belleza el arte griego ni romano antiguo. Por lo mismo, aunque dicha pintura es un verdadero renacimiento, se distingue de la propiamente llamada del Renacimiento clásico en que no cifra, como ésta, su perfección en la belleza de las formas exteriores (que, aun sin descuidarlas, resultan, a veces, algo incorrectas en la pintura gótica) sino, sobre todo, en la expresión de la idea religiosa y en dar a las figuras cierto sabor místico y eminentemente cristiano. A pesar de ello, también ha de decirse que es en este momento en el que comienza la pintura profana, donde los temas ya no son siempre religiosos. 

El gran maestro de esta escuela es Giotto (h. 1266-1337), al que se considera como auténtico iniciador de la pintura moderna. Es Giotto quien busca representar el espacio correctamente, así como adecuar las expresiones y los gestos en relación con el estado de ánimo del personaje. Dio un tratamiento revolucionario a la forma y a la representación realista del paisaje, introduciendo la tridimensionalidad. Si miramos su fresco “La Huida a Egipto” a través de los ojos de este movimiento, podemos abstraer una gran riqueza de formas que representan situaciones muy próximas a las dadas en la naturaleza. Las figuras ya no están de frente, sino que se representan en escorzo, pudiendo entenderse su volumetría, y el tratamiento del fondo hace intuir un espacio. 



Formas abstraídas de la naturaleza, cargadas de expresión y vida que las autentifican, formas capaces de generar volumetrías y un fondo que sitúa a las figuras en un espacio.









21 mar. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA IV

Desde finales del s. X hasta mediados del s. XII se desarrolla el arte Románico, un arte que ha sido caracterizado como el primer estilo internacional. Europa no presenta una unidad política, y cada región se repliega sobre sí misma reducidas a sus propios recursos, imperando un régimen feudal. Esta falta de unidad política se refleja en una gran diversidad artística, pero con un punto en común: la presencia de un mismo sentimiento religioso, que le llevará a cumplir una función ideológica. Las riendas del desarrollo cultural y artístico quedan en manos de la Iglesia, quien determina cual es la verdad.

La arquitectura románica, culminación de un largo proceso de ensayos que suponen los estilos prerrománicos, utiliza en la construcción de sus Iglesias formas circulares en sus cúpulas, que configuran un plano divino, y formas poligonales en los tramos de las naves, que configuran el plano terrenal. En el crucero confluyen ambos planos. La gran aportación es el abovedamiento en piedra de la totalidad del edificio. Con la semicircunferencia (arco de medio punto) y su traslación a lo largo de un eje longitudinal (bóveda de cañón), se crearán los principales espacios de la época. La intersección de dos bóvedas de cañón perpendicularmente dará lugar a la bóveda de arista.

Las formas geométricas se combinan e interseccionan generando otras mas complejas, pero el conjunto sigue muy cercano a las formas puras. A veces, la pluralidad de altares en el interior se manifiesta en el exterior con la aparición de absidiolos en la girola a modo de apéndices, estableciendo un diálogo más próximo con el entorno. En otros casos, la agregación de volúmenes sucesivos de una forma irregular, vuelve a crear una serie de vínculos con la naturaleza. La piedra es el material que relaciona todos los elementos formales de la obra.

Además de Iglesias, construirán Monasterios, lugar donde reside la cultura, y castillos, residencias de los señores feudales.

Respecto a la escultura y pintura, el hombre medieval no se preocupa por las leyes de la estética visual y de la belleza formal, pero si del contenido expresivo. Las imágenes encierran un símbolo, una alegoría o una leyenda con las que se pretende conmover al espectador con el fin de que de ellas se obtenga una enseñanza y una instrucción moral, atendiendo a una función práctica y comunicativa. Quizá por ello abstrajeran traduciendo a un lenguaje geométrico, un lenguaje que se aleja de la realidad para diferenciar lo divino de lo terrenal y así influir de una forma mas intensa en el espectador.

La escultura queda integrada en la arquitectura. Se conciben las figuras y escenas en función de la estructura externa en que se insertan, dando a la representación una movilidad característica llamada ley de marco. Por la ley del esquema interior, las figuras se organizan fuera de las pautas naturalistas y adaptadas en todo momento a formas geométricas, al tiempo que se someten a los esquemas que rigen la decoración abstracta. De esta adaptación de las figuras al marco, se deriva la ausencia de canon. Esculpen ideas y conceptos universales despreocupándose de la belleza formal según los cánones clásicos.

La escultura tiene un lugar en la arquitectura, y no se entiende si no es a través de las construcciones. En la distancia, estas formas escultóricas se pierden para configurar la forma global del edificio.

La función de la pintura es similar a la de la escultura. Ubicación y composición responden a un programa litúrgico. Como rasgos generales, las composiciones se adaptan al marco arquitectónico, (concepción antinaturalista sometida a esquemas geométricos), no hay representación del espacio y las figuras se representan en un solo plano. Las figuras se deforman o estilizan para acentuar la expresividad del conjunto. Los colores, vivos o apagados, presentan una gran variedad de gamas, son planos y se aplican uniformemente en el interior de los contornos. Las lineas definen contornos y dividen áreas de color. Se exageran o acentúan ciertas partes del cuerpo (ojos, manos, …), para estimular la emoción del espectador, mostrando la posición espiritual del representado: expresionismo.

Dentro de las escenas religiosas, uno de los temas mas comunes es el Pantócrator. Se trata de la figura de Cristo de medio cuerpo, en posición frontal y con un hieratismo sacro, frente amplia, ojos ovalados de mirada majestuosa y profunda, nariz recta, boca estrecha y pequeña, y con una cabellera larga y abundante. Le acompaña una aureola cruciforme que lleva el alfa y la omega griegas, y sostiene en su mano izquierda el Libro de las Sagradas Escrituras mientras que con la derecha bendice con un gesto simbólico. En el Pantócrator de San Clemente del Tahull, detrás de su función ideológica, comunicativa y práctica, encontramos un increíble mundo de formas, superficies delimitadas por líneas que generan un lenguaje formal mas cercano a la geometría que a la realidad, en su intención de aproximarse a lo divino. El hombre de la época encuentra la perfección en la geometría y no en la naturaleza.

Por un lado Antinaturalismo conseguido por el empleo de la geometría que traduce las formas de la naturaleza a un lenguaje propio de la razón humana, y por otro expresionismo, gracias a la intención del hombre de acentuar rasgos. Las formas entran en una estrecha relación con el marco donde se insertan. Pero formalmente, su arquitectura no termina de entrar en relación con la naturaleza según las intuiciones de este movimiento, quedándose en un lenguaje muy próximo a las formas puras. A veces, este acercamiento se ve favorecido por la aparición de elementos que rompen esas formas, como los apsidiolos que surgen en la girola. Otras veces, la interconexión de volúmenes puros de una manera desordenada establece los vínculos con la naturaleza. Todo el conjunto quedará homogeneizado por el empleo de un material dominante, la piedra, muy cercana a la naturaleza.

Si sumamos todas estas cualidades, podemos hablar de geometría expresiva integrada en un marco arquitectónico que desea vincularse al medio.

14 mar. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA III

Tanto los etruscos como los griegos influyeron en el arte romano. En el año 509 a.c. los romanos expulsan al último rey etrusco Tarquinio, y se inicia la configuración de la forma clásica republicana. La República supuso la imposición de un régimen aristocrático donde los intereses de la comunidad se delegaban en un grupo de ciudadanos que integraban el Senado.

Al conquistar Grecia, escogen el orden corintio por ser más florido que el resto. La barbarie del pueblo romano provoca un retroceso en el lenguaje que el hombre griego había desarrollado en su afán de entenderse con la naturaleza. Sin embargo, serán grandes constructores.

Como innovación en la técnica de la construcción surge el Opus Caementicium, que será el material que configurará todas sus construcciones.

De entre los numerosos edificios destacamos los templos y las tumbas. Junto a los de planta cuadrada se desarrolla el de planta circular, como el Panteón de Adriano, donde nos encontramos con una nueva concepción espacial. El espacio que genera la gran cúpula nos envuelve en una experiencia emocionante, donde un haz de luz entra por el punto de máxima tensión, en forma de luz apacible y difusa. Su configuración espacial es tal que se puede inscribir una esfera
completa en el espacio interior. Es evidente el uso de las formas puras en su concepción.

El retrato en escultura supone la gran la creación. Frente al idealismo griego que esculpe héroes, jóvenes en su plenitud física, al romano le interesa el individuo, su pasado puro, las huellas que el paso del tiempo reflejan, la realidad. Luchas, pasiones, éxitos, fracasos … dejan en el hombre una huella inexorable, huella que lo integra y relaciona con un espacio y un tiempo, huella marcada por las acciones que se producen en su vida. En nuestro movimiento, estas señales son la respuesta a la interacción en el mundo, en un espacio y un tiempo. Un ejemplo lo tenemos en el llamado “Brutus Barberini”.

Cuando César toma el poder absoluto, el poder personal sustituye al impersonal del Senado. Senado y Emperador serán las dos fuerzas políticas entre las que se desarrollará el Imperio. Con Adriano terminará el esplendor imperial. Se disolverá el Senado y el Imperio se dividirá en Oriente y Occidente. Constantino institucionaliza la monarquía absoluta y con el Edicto de Milán 313 d.c. se declara la libertad de cultos, permitiendo la expansión de Cristianismo.

Frente al culto del arte griego enfocado a las ideas de armonía y de abstracta belleza, pasamos a una arquitectura esencialmente utilitaria. La Forma empieza a ir ligada estrechamente a su Función. La rapidez de crecimiento del Imperio Romano, implicaba la creación de ciudades dando respuesta a multitud de funciones urbanas generando innovaciones técnicas y una gran variedad tipológica.

La Roma antigua se aplastaba entre sus muros demasiado estrechos: era una ciudad hacinada. No existía el problema de las regiones devastadas, sino el de equipar las regiones conquistadas.

Se construyeron edificios conmemorativos (arcos de triunfo, columnas…), para espectáculos (teatros, anfiteatros, circos…), públicos (El foro, las termas, la basílica…)

Roma destacó también en su obra pública, construyendo acueductos, y puentes. Diseñaron redes de comunicación que permitían el rápido tránsito: calzada romana = romanización. Pero todo se quedaba en resolver un problema técnico-utilitario.

Roma se dejó en el camino hacia las formas puras todas las señales e irregularidades que les hubieran podido situar en la historia como grandes artístas y no como monumentales constructores.

En esta parada en la historia, nos llevaremos de Roma su gran fuerza de intención, donde existe una estrategia para clasificar los elementos. Los volúmenes construidos responden a formas puras, donde la luz permite su perfecta comprensión. Sus actuaciones están en esencia pura y resueltas con unidad de construcción, pero de forma genérica, sin esas señales o irregularidades necesarias para un diálogo con la Naturaleza.

9 mar. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA II

Muy distinto al arte egipcio fueron sus contemporáneos asiáticos (Mesopotamia, Asia Occidental y Persia principalmente), que desarrollaron un arte dominado por el dramatismo, penetrante y muy variado. Los egipcios se distinguieron de los demás pueblos de esa zona por haber buscado, desde el principio de su civilización, un canon ideal del cuerpo humano. Hasta la cultura griega no se volvería a dar una situación similar.

Lo genérico, sin embargo, no es el objetivo de nuestro movimiento, por lo que continuaremos buscando aquellas señales e irregularidades que caractericen y autentifiquen la obra, deteniéndonos justo antes de llegar a las formas puras o ideales.
A partir del s. VIII a.c. Grecia aparece como un mosaico de ciudades-Estado o poleis, en las que se desarrolla un régimen de gobierno aristocrático que evolucionará en Atenas, debido a los enfrentamientos entre deudores y acreedores y a la aspiración de todos los ciudadanos a ser iguales ante la ley, en el sistema democrático del s.V.

Sería el griego el primer pueblo que sistematizaría la obra arquitectónica en un conjunto de proporciones u “órdenes arquitectónicos”. Fue un intento de aplicar las leyes armónicas de la Naturaleza en la obra del hombre.

En el período protoclásico, las guerras Médicas supusieron el acontecimiento más importante por su influencia en la mentalidad y el arte griego. Se va a dar el estilo Severo, donde el escultor descubre la técnica de la utilización del bronce. El artista griego era capaz de representar la figura humana como un todo coordinado. El siguiente paso sería el intentar representar la acción y el sentimiento. Empieza a primar la importancia de la relación numérica de cada parte con su vecina y de todas con el conjunto. Cuando estas relaciones sufran una interdependencia para poder subsistir en el marco de la naturaleza las denominaremos relaciones ecosistemáticas.

El concepto de belleza helénico se compone de Simetría y Proporción. Después de crear una estatua verosímil, llega el momento de dotarla de movimiento. El momento de transición lo marca una estatua del 480 a.c., el Efebo de Kritios, que dobla la pierna adelantada, por la rodilla y descarga casi todo su peso en la otra pierna.

Pero el artísta mas destacado de este tiempo fue Mirón. En su discóbolo, aunque la serenidad del rostro no se corresponde con el esfuerzo del atleta, es capaz de mostrar el ritmo en la escultura, representando la tensión física del momento “justo antes” de lanzar el disco. La Forma contiene una Función escondida, una energía en potencia donde todas las partes relacionadas entre sí se encuentran en tensión esperando su desenlace final. La Forma contiene vida.

Entre el 450 y el 430 a.c. Atenas con Pericles, vive un momento de esplendor, manifestándose en el terreno político con la democracia, y en el económico y cultural dándose en Atenas los mas importantes filósofos, intelectuales y artistas.

En la época clásica dos aspectos influyen en el arte; se destruye la idea de que la virtud es heredada y el hombre empieza a crecer en importancia ante los dioses. Se cree que el hombre puede configurar el mundo según su visión de él. Protágoras dirá que el hombre es la medida de todas las cosas. Nosotros insistimos en acabar con esa idea antropocéntrista y ubicar al hombre en el lugar que le corresponde dentro de la Naturaleza, en armonía con el resto de seres vivos.

Aprovechando parte de los ingresos de la Liga de Delos, Pericles preparó un ambicioso proyecto de reconstrucción de la antigua Acrópolis arruinada por los Persas. Fidias fue el organizador del plan general y Menesicles, Ictinos y Calícrates los arquitectos.

El plan parece tener un aparente desorden, pero si ampliamos su visión, descubrimos que el equilibrio está determinado por el paisaje que se extiende desde el Pireo al Monte Pentélico. El plan pretende relacionarse con la Naturaleza, siendo concebido para una visión lejana, donde sus edificios amontonados en una sucesión de múltiples planos vuelven a complementar el paisaje, caracterizándolo.

Llegamos a la consecución de un aparente estado puro en el Partenón, dando la sensación de ser natural, ya que aunque sus formas estén separadas de los aspectos de la naturaleza, están tan bien estudiadas atendiendo a las características del material empleado, que nos crea un hecho tan aceptable a nuestro entendimiento como el mar o la montaña. Pero si lo analizamos descubrimos nuevamente esas señales e irregularidades formales traducidas en intenciones ópticas donde el hombre pretende crear tensión en el ojo del espectador entre lo que espera ver y lo que ve. Todas las horizontales, desde el basamento hasta el entablamento, están combadas convexamente y todas las verticales ligeramente inclinadas hacia dentro. Volvemos a encontrar aquí esas irregularidades o señales humanas que autentifican la obra alejándola de las formas puras o genéricas.
"Una obra nos va a resultar bella cuando sus rasgos y el valor de las relaciones que los unen, provocan en lo más auténtico de nosotros, por encima de nuestros sentidos, una resonancia que nos comunica su perfecto acuerdo con la naturaleza y quizá con el universo". Vamos a intentar describir de una forma científica esas relaciones, basándonos en las leyes morfológicas de las formas de la naturaleza, en su evolución y en las fuerzas que las determinan.
El broncista Policleto es el maestro de la Simetría o Conmensurabilidad de las partes, según la cual cada elemento del cuerpo humano ideal se integra en un conjunto simétrico pero constituye a la vez una clara unidad independiente. El canon de proporciones determina que la cabeza debe representar la 7ª parte de la altura total de la estatua, la pierna debe tener 6 palmas desde el pie hasta la rodilla y otras 6 desde la rodilla al centro del abdomen; la cabeza a su vez, presentaría frontalmente una división en partes iguales: la frente, del entrecejo a la punta de la nariz, y de ésta a la barbilla. Los dos exponentes de este canon son el Doríforo y el Diadoumenos.

El trágico período entre el 430 y el 400 a.c. va a suponer una profunda revolución moral para los griegos, provocando el rebote de lo irracional. La peste que asola Atenas causará la vuelta a la idea de una naturaleza imprevisible e irracional y la imposibilidad de un estado de cosas permanente en el mundo. El Hombre vuelve a empequeñecerse.

La aparición del Imperio de Alejandro Magno, y más tarde la instalación de los grandes reinos helenísticos, trastornaron el orden político y económico, pero se instauró una comunidad cultural sin precedentes, la Koiné, en la que se fundirán las aportaciones de todas las grandes civilizaciones asiáticas bajo el signo de la cultura helénica. Triunfará el individualismo y la razón, y el Hombre se enfrentará a su individualidad solo ante la naturaleza.

La escultura del período helenístico rompe con los cánones clásicos, expresando emoción y movimiento. La obra se llena de rasgos e irregularidades propias del hombre que la alejan de los ideales mas puros de belleza. La Victoria de Samotracia está cargada de dinamismo. La composición se abre por sus alas; la túnica parece mojada para mostrar su anatomía y sus ropajes se agitan expresando la acción del viento en una supuesta ubicación en la proa de un barco, acentuando el dramatismo. El grupo del Laocoonte y sus hijos representa la impotencia y el dolor sobrehumano. Las formas vuelven a perder su referente ideal mostrando una gran complejidad cargada de movimiento y emoción. El Torso del belvedere muestra una situación similar.

En este período, la producción artística del hombre ha evolucionado pasando por planteamientos ideales de belleza, hasta la consecución de la representación de la emoción y el movimiento, dotando a las obras de una complejidad cargada de señales e irregularidades propiamente humanas. "Obtenemos la belleza formal que buscamos, cuando la relación entre estas señales provocan, mas allá de los sentidos, una resonancia que nos transmite una comunicación armónica con las leyes de la naturaleza".

2 mar. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA I

Con la aparición del hombre en la Tierra nace el pensamiento y se produce un avance decisivo hacia la reflexión. Mientras su estructura anatómica es el resultado de una larga evolución, el despertar de su inteligencia se produce de una forma brusca. Y a partir de ese momento la vida de la especie humana queda trazada no sólo por el dinamismo del poder de la reflexión, sino también porque, contrariamente a los animales vinculados al medio ambiente, el hombre no puede sobrevivir si no transforma cuanto le rodea y lo adapta a su medida.

Esta cualidad del hombre provoca que comience a construir su propio entorno, desligándose cada vez más de las leyes de la naturaleza que son las que realmente marcan el rumbo del entorno.

Las primeras manifestaciones artísticas del hombre responden a un fin mágico-religioso. Mientras el hombre vive en los espacios existentes de la naturaleza, su arte se desarrolla tanto en paredes, suelos y techos de cuevas y abrigos (Arte Paleolítico Rupestre) como en la realización de manifestaciones artísticas que pueden trasladarse de un lugar a otro (Arte Paleolítico Mueble). En este momento de la historia, el arte del hombre es figurativo, tomando como única fuente de inspiración la Naturaleza.

Si analizamos sus representaciones humanas, destacando sus Venus, todas presentan rasgos comunes, como la ausencia de facciones en la cara, extremidades pequeñas y poco definidas y gran desarrollo de los órganos relacionados con la reproducción. En esta ocasión entendemos también una función práctica, propiciando la fecundidad, ya que existía una creencia que decía que la riqueza de una tribu estaba en el número de sus componentes. Pero esas deformaciones intencionadas van a constituir el punto de atención de este movimiento artístico, donde la Forma se separa de su modelo real para recoger un significado añadido que reconfigura su aspecto. La Venus de Willendorf respeta la ley de la frontalidad aparentemente, pero encontramos señales o irregularidades que nos emocionan y nos hacen pensar en la intención del artista cuando inclina su cabeza para mirar ligeramente hacia el seno mamario derecho, o acentúa sus rasgos sexuales.

Nos interesa la abstracción que hacen en sus pinturas zoomórficas, donde las figuras aparecen en perfil identificándose perfectamente, al menos, a nivel de especie, y la intención o motivo de su representación la podemos asimilar a la necesidad de capturar las piezas para su alimentación. Mediante la línea se traza el contorno, para posteriormente mediante tintas planas llenar su interior. Con apenas dos colores se realizan los dibujos.

El hombre abstrae la forma mínima necesaria para reconocer a una especie y la representa en sección, pues es la visión que mas información les ofrece. La emoción nos llega cuando descubrimos que se apoyan en las formas de las rocas para dotar a las figuras de relieve, en un ejercicio de enorme creatividad, en el que cada figura se singulariza aumentando su poder expresivo.

Las construcciones megalíticas respondieron a funciones sociales y simbólicas, donde el Cromlech de Stonehenge muestra ya una perfecta geometría y orientación, y permitía predecir acontecimientos relacionados con las estaciones, importantes para esta sociedad agrícola. El Dolmen lo empleaban para enterramientos, mientras que los Menhires les servían como punto de referencia para la observación.

Pero el hombre evoluciona y va abandonando los espacios existentes en la Naturaleza para crear los suyos propios. El uso de los materiales del lugar en sus construcciones, le ha llevado a establecer ricos diálogos con el entorno de gran compenetración. La primera civilización en la que nos detendremos será la Egipcia, una civilización regida por la religión, que proporcionaba una justificación de la existencia de una vida y un universo inmutables.

Este arte tiene una preocupación por el sentido de permanencia sobre el paso del tiempo: la inmortalidad de las formas. Ya lucharon por encontrar un canon, un modelo que se adaptara a las exigencias iconográficas de este pueblo, para todo tiempo y lugar.

Las artes representativas son dominadas por la superficie plana, frontalidad y perfil, planta y sección, de ahí la inexistencia de dinamismo, algo que se conjuga muy bien con la idea de permanencia, siendo intemporal. Ya en Egipto, el hombre se convierte en la medida de todo, y en centro del universo, gran diferencia con Mesopotamia. El hombre es el centro de inspiración, pero es un hombre estático, permanente en el tiempo, y que se sobrevalora para quedar por encima de los dioses y sacerdotes reflejando su poder. Desde este movimiento artístico modificaremos esta definición antropocéntrica que se ha venido dando en diferentes periodos de la historia, otorgándole al hombre la posición que pensamos debe ocupar dentro de la Naturaleza.

Pero el gran acierto a la hora de actuar en un paisaje lo determina la construcción de sus pirámides. Su geometría permite que la transición desde la tierra hacia el cielo sea progresiva, estableciéndose un diálogo amable entre la arena del desierto y el mismo cielo. Un solo material es el encargado de crear los volúmenes, una piedra caliza extraída del mismo entorno. Si observamos la Gran Pirámide de Giza, descubrimos que su sección horizontal no forma un cuadrado, sino que tiene forma octogonal, de estrella de cuatro puntas, ya que sus caras se subdividen en dos planos cada una con ligera pendiente hacia el centro. Encontramos en su percepción esa irregularidad intencionada en la acción del hombre que nos aleja de la forma piramidal pura, cargando la Forma de muchos significados en potencia que se irán desvelando con la luz del Sol.

A pesar de la gran intervención humana, el paisaje no solo conserva sus características principales, sino que se ha complementado. La Forma se integra caracterizando el paisaje mientras el paso del tiempo va verificando su perfecta Función dentro de la Naturaleza.