25 abr. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA VIII


El poder político de los monarcas cada vez se fue fortaleciendo mas, hasta que en el s. XVII se elimina cualquier representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas, que tendrán como características una dirección férrea, abundantes medios para sostenerla y resignación de la sociedad a cambio de cierto orden y progreso.


Culturalmente este siglo resulta brillante, destacando a personajes de la talla de Descartes, Spinoza y Leibniz, que desarrollaron el racionalismo. En Inglaterra, destacan empiristas como Francis Bacon y David Hume, mientras que en el terreno de la ciencia política Thomas Hobbes y John Locke intentan formular teorías políticas que se fundamenten racionalmente en el concepto de naturaleza humana y mantienen que el Estado debe constituir un poder moderador que sirva para garantizar los derechos a la vida, la libertad y la propiedad.

En poesía y novela destacaron Góngora, Marini, Quevedo, Gracián, Milton y Cervantes. En teatro Corneille, Racine, Molière, Shakespeare, Lope de Vega y Calderón de la Barca.

La multiplicación de géneros musicales hacen de este siglo, el siglo en el que aparece la música moderna: Vivaldi y Monteverdi destacarán en Italia.

Aunque se empleó este estilo para persuadir al espectador y exaltar su fe hacia el catolicismo, nos vamos a encontrar un repertorio formal basado en el movimiento con infinitas curvas. Desaparece la pureza lineal para dar paso a la variación óptica, conseguida mediante la utilización de la luz que al incidir sobre superficies dinámicas altera su aspecto. Elipses, parábolas, hipérbolas, cicloides, hélices van a sustituir al perfecto equilibrio del medio punto romano.

La escultura se va a basar en la aproximación a lo real con un cargado carácter efectista y con un verdadero interés naturalista. Si Miguel Ángel supuso la más alta expresión del movimiento contenido, ahora el movimiento se dispara hacia fuera en miembros y ropajes de los personajes.

En pintura, su vinculación a la realidad es también consecuencia de una evolución estilística; el antinaturalismo del manierismo se agota y los artistas vuelven a la realidad y a la naturaleza. El color va a predominar sobre el dibujo en unas composiciones asimétricas y atectónicas. La pintura barroca es la pintura de la vida y ésta no puede representarse bajo formas estáticas. Las figuras son inestables, anteponiéndose la turbulencia a la quietud. La forma se subordina a la luz, desvaneciéndose en algunas ocasiones por debilidad o intensidad del centelleo luminoso. Luz y sombra van a dibujar la forma con gran precisión. 

La escultura y la pintura se van a acoger a la arquitectura, llegándose a una verdadera simbiosis de las artes.

18 abr. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA VII

El Quattrocento coincide con la época de los grandes descubrimientos geográficos que ensancharon la faz de la tierra y cambiaron la visión y la actitud del hombre frente al mundo, en parte gracias al despegue del capitalismo comercial.

El triunfo de la burguesía mercantil en la Baja Edad Media, fue acompañado de un cambio en la estructura política transformándose en oligarquías dominadas por esos burgueses. (Florencia de los Médicis o Milán de los Sforza).

El gótico apenas había dejado huella en Italia, ya que este país había mantenido un repertorio de formas que partían del clasicismo. En el s XIV sus relaciones mercantiles que enlazan Europa y Oriente y su banca cada vez mejor estructurada le hacen alcanzar una modernidad económica y una organización social avanzada, que va a poner a Italia en la posición de ofrecer una alternativa formal al agotado vocabulario de Europa.
El humanismo emotivo del s. XIII es sustituido por uno racional en el s. XV. En las Universidades se leen los clásicos, se discuten postulados teológicos y se duda de los dogmas. La imprenta divulga la cultura y la brújula amplia horizontes. Por primera vez desde la antigüedad, el hombre se siente el centro del Universo, exigiendo un lenguaje artístico a su medida.

Mientras que en el gótico las dimensiones del edificio poseen al hombre y lo elevan, en el Renacimiento el hombre domina al edificio respondiendo este a exigencias humanas. Esta medida humana, el hombre griego la había encontrado para sus espacios exteriores, y ahora la encontramos en los interiores. El hombre se relaciona con el mundo preferentemente en el plano horizontal, de ahí que dominen las dimensiones horizontales sobre las verticales, volviendo al arco de medio punto en detrimento del apuntado, pues esta forma es la que denota equilibrio entre estatismo y dinamismo.

Mientras la obra gótica conjugaba tiempo y espacio (la catedral se iba percibiendo a modo de secuencias que implicaban el desplazamiento del espectador, y la pintura ofrecía narraciones que eran verdaderas secuencias cinematográficas), en el Renacimiento la obra se ofrece unida. Esta visión unitaria lleva a la arquitectura al espacio centralizado, como la Capilla Pazzi o el proyecto de Bramante para San Pedro. La pintura adopta la perspectiva central porque conduce mas que ninguna otra a la unidad buscada, siendo centrípeta antes que centrífuga.

El humanista es un hombre culto, conocedor de la Antigüedad, que lee en griego y en latín, discute sobre Platón o Aristóteles, y conoce las mas avanzadas teorías de Geografía y Cosmología, además de ser un poeta y un diletante. La obra de arte va a ser analizada racionalmente, naciendo la crítica de arte. La relación entre artistas y humanistas va a ser muy enriquecedora.

Este período va a estar lleno de individualidades, provocadas tanto por el pugilato establecido por las diferentes repúblicas para poseer las mejores obras de arte y la fuerte personalidad de algunos artistas, que van a hacer que desaparezca el anonimato y el carácter gremial de equipo.

Este movimiento desea sin embargo ofrecerse al servicio de la naturaleza, partiendo de criterios científicos que puedan adaptarlo a los lugares o situaciones en las que intervenga, evitando las expresiones personales del proyectante.

El carácter científico del momento, donde numerosos aspectos estaban por descubrir, crea figuras con un gran contenido artístico que aportan soluciones a los problemas sociales del momento, apoyándose de una manera muy directa en el mundo clásico. Aproximarse al ideal de belleza era una necesidad al acometer la obra, siendo la naturaleza el principal modelo a analizar. Todas las expresiones se encaminan hacia el estudio y la representación de la realidad, salvo el genio de Miguel Ángel. 

11 abr. 2010

RETORNO DEL HOMBRE A LA NATURALEZA VI

          
El arte musulmán es fruto de la capacidad del Islam para asumir formas artísticas de los pueblos conquistados. La enorme expansión de su imperio hace posible la sistematización de un único estilo, donde sólo la religión aporta elementos comunes al arte. 


Aunque en las primeras manifestaciones artísticas sí existen representaciones figuradas en el Islám, será en la época abbasí cuando se fragüe la iconofobia, tendencia que pretendió purificar el Corán de cualquier interpretación simplista, es decir, popular y antropomórfica, prohibiendo la idolatría. Para apoyar esta idea, los musulmanes se inventan las tradiciones o ahadit, en las que se insiste en la idea de que quien crea imágenes incurre en la soberbia sacrílega de parangonarse con el Creador. En el fondo, lo que se prohibió fue el entendimiento griego del Arte en el sentido de Mimesis. 


El artista musulmán se va a sentir muy a gusto en el campo de la geometría, siguiendo pautas planas o tridimensionales, materializadas con polígonos y poliedros regulares. Los edificios que se levantan en el mundo islámico parten de unos trazados geométricos rígidos, nítidos y a veces complejos. 

En la mezquita de Córdoba el espacio arquitectónico se compartimentó al máximo por el trazado de naves y el bosque de columnas, a diferencia del esquema centralizado que venía definiendo el espacio de la mezquita, al estilo de Santa Sofía. Pero en este ejemplo, el espacio interno adquiere un sorprendente carácter unitario gracias a la intercomunicación de varios aspectos, entre ellos el citado bosque de columnas, el efecto de la decoración, la tectónica flotante propiciada por el sistema constructivo de doble arquería, la aceleración rítmica de motivos ornamentales-arquitectónicos, y la profusión de mosaico y cerámica en los muros consiguiendo que las superficies sean continuas por los efectos de la luz reflejada. 

La repetición de las formas constructivas-geométricas consiguen la definición de un espacio unitario, continuo, enigmático y sorprendente. Cuando perdemos la referencia de las naves, y obtenemos perspectivas oblicuas del interior, descubrimos como mediante un mismo lenguaje o forma constructiva hemos sido capaces, gracias a su repetición, de configurar un espacio complejo y continuo que nos produce armonía. Evitamos la comprensión de la geometría pura existente y descubrimos una complejidad verdaderamente armoniosa. 

La Alhambra de Granada presenta accesos en recodo, aproximaciones referidas al núcleo del conjunto, cambios de escala, formas arquitectónicas complejas decoradas de forma profusa y brillante, dando una sensación de riqueza, sorpresa y misterio. Su trazado resulta complejo, organizándose mediante una reunión aditiva y bastante desarticulada de piezas muy autónomas, bien trazadas una a una pero relacionadas mediante relajadas yuxtaposiciones. Aunque existe una geometría interna y unos ejes de simetría muy marcados, en la organización de los recorridos se sortean por la presencia de un estanque, jardín, surtidor o fuente. De este modo es una arquitectura que se percibe solamente mientras se anda. Elementos inseparables son el agua y el jardín, reflejos, sonidos y naturaleza siempre presente desde los interiores. Las formas alcanzan una gran sensualidad a través de las líneas y perfiles sinuosos de las superficies en movimiento, en los cambios y contrastes aportados por los efectos de la luz y la presencia del agua, donde las formas puras al reflejarse se accidentan y mezclan con las naturales del jardín. 

La idea de recorrido de los diferentes y autónomos volúmenes intercalados por espacios exteriores, evitando siempre el entendimiento de formas geométricas puras, producen en el visitante un efecto de sorpresa complementado con sensaciones de proximidad a la naturaleza.